lunes, 26 de octubre de 2015

Mi experiencia en el Lantang

Cuando decidí ir a Nepal, fue un poco a la aventura. Tenia que hacer mis prácticas del Máster y las opciones que me daban se me quedaban escasas. Mi cuerpo, mi mente, necesitaba un cambio, algo que me sorprendiese de verdad.
Gracias a la búsqueda y a algunos contactos, fui a dar con una pequeña ONG que me abrió las puertas para poder participar con ellos, y aprender.





Así que después de unos días en el país con 2 amigos, conociéndolo y adaptándome, cogí mi mochila y por desgracia me llevé también unas anginas y fiebre, todo ello generado por la increíble contaminación de la capital.
El viaje fue una aventura. Me acompañaba un joven que gracias a la ONG  había podido hacer sus estudios de enfermería, y vivía en su pueblo con su familia,  ejerciendo como enfermero en la pequeña clínica de primeros auxilios.
Llegamos al autobús, pero allí sacan asientos de la nada y a mí me tocó sentarme justo al lado del conductor, entre el cambio de marchas, mochilas y algún niño que se tumbaba por allí, sin olvidar que el cristal delantero lo tenía a 2 palmos de mi. Esto al principio me dio igual, pero cuando los kilómetros empezaron a pasar, la carretera se empezó a estrechar y el asfalto desapareció por completo, con precipicios de infarto, ya la cosa no me daba tanto igual…
Ahora pienso que gracias a la fiebre que llevaba, todo lo llevé mejor.  Mis compañeros de viaje se lo pasaron genial conmigo, preguntándome todo el rato si tenía ganas de vomitar…¿tan mala cara llevaba? Y así pasamos la mitad del viaje entre cascadas, y parajes inolvidables.
Pero la carretera empezó a empeorar y el conductor a flipar; y a todo esto descubrí que en el techo llevábamos a una treintena de personas que no se cómo no salieron volando en algún bache. El caso es que seguimos subiendo, el barrizal aumentando, yo ya no sabía cómo ponerme, una abuela se agarraba a mi, los  niños llorando, cuando nos encontrábamos otro vehículo de frente, eso era una odisea…y de repente dicen: ¡PRIMERA PARADA!
¿CÓMO? 90 km…y llevábamos 5 horas. Pero eso no era todo, ¡LA CARRETERA HABÍA DESAPARECIDO! Por las precipitaciones había habido corrimiento de tierras, así que tuvimos que coger nuestra cosas y todos en procesión empezar a andar saltando charcos unos 30 minutos, hasta llegar al ``bus lanzadera´´, lleno de gente. Después de otra hora tuvimos que bajar del bus, para coger otro, pero la espera fue de más de 2 horas a no se ya cuantos metros de altura que hizo que mis huesos se congelaran. Y el último bus fue ya de noche, menos mal, o eso me decía todo el mundo, pero conseguimos llegar al último pueblo de acceso por carretera.


Hicimos noche en un hostalito, y a la mañana siguiente teníamos que caminar durante 2 h hasta llegar a mi nuevo hogar, pero la fiebre me lo hizo imposible…y gracias a una chaval del pueblo con ``moto´´, me llevó hasta mi casa, con mi nueva familia Karma y Milan.
¡Pero qué aventuras de viaje! (y yo pensaba…cómo volveré a la civilización!)
Mis días en la zona del Lantang no los olvidaré nunca, me sentía como una verdadera Heidi. Mis días comenzaban con la aparición del sol (6 a.m.) y un rico té, pero el resto del día eran toda una sorpresa. Me dió para conocer muchas de las costumbres y cultura de estos lugares, sus gentes, fiestas… Unos días viví con Karma y Milan, en una casa muy adecentada, donde intentaba ayudar en todo lo que me dejaban, ya que al ser mujer occidental, había en cosas que no era muy bien vista, y que me fuese a pasear por ahí sola, menos todavía.



Recogimos leña, aprendí hacer pan, recolectamos el maíz y lo desgranamos, me tocó la recogida de las patatas, hicimos vino de arroz, estuve en el cole enseñándoles juegos, vivencié la celebración de un funeral , el ataque de una serpiente en casa, aprendí a dormir con todo tipo de ruidos extraños a mi alrededor, me adapté a sentirme observada, conseguí disfrutar los días de lluvia,…
Y todo esto sin saber nepalí, comunicándonos en inglés, pero a veces parecía que habíamos aprendido un inglés diferente, así que en muchos casos los gestos me salvaron, pero una claro, una tiene que hablar….y hubo días que acabé hablándole a las vacas….
















También, después de 10 días, me había hecho a sus costumbres;  vivía con el sol, desayunaba a las 9 de la mañana mi arroz con lentejas ``daal bhat´´, me lavaba en la fuente del pueblo con el agua proveniente de las montañas y con las miradas de los que pasaban por allí, conviví con pulgas y gallinas subiéndose a mi cama, conseguí beber un sorbo de té tibetano ( a base de sal y mantequilla) y crema de ortigas, sobreviví  al funeral…




Esto último, se merece un post , pero voy a intentar resumirlo.
La madre de Milan murió hace ya un tiempo, pero ahora se celebraba la ``despedida final´´. Así que empezó a llegar gente de todos los pueblos, trayendo alimentos, sin parar de entrar y salir de la casa, para luego quedarse en una carpa exterior (los hombres), preparando perolas de arroz. Y las mujeres en casa, hablando y cocinando también, mientras me intentaban explicar el porqué de esta celebración, y lo que
entendí fue que a través de esta celebración, tenía que llegar Lama, para que la mujer pudiese vivir en paz en el otro mundo.
Toda la celebración espiritual, se estaba llevando a cabo en la Ghompa, en la que había un grupo de budistas leyendo las oraciones a golpe de platillos y bombo, con acompañamiento de las trompas, mientras la gente dejaba sus ofrendas y en medio, la madre de Milan. ¡que susto! Hicieron una réplica de ella con sus ropas, sus pendientes, su gorro, allí sentadita.



En la sala antes de entrar había un montón de velas ( de aceite de mantequilla) que no pararon en todo el día de limpiar y encender las que se iban apagando.


Quiero agradecer todo el cariño recibido por estas personas, sobre todo a Karma ,mi ``mama nepalí´´. Y agradecer a la ong MALAGA EN NEPAL por dejarme disfrutar de esta oportunidad, además de garantizar la enorme labor que allí están haciendo.

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